Imaginación y escuela

Frente a esta educación considerada por algunos excesivamente racionalista, se reivindica la importancia de la imaginación y la fantasía –del profesorado y del alumnado- como instrumento de aprendizaje. Se trata de que los aprendizajes sean significativos, dotándoles de sentido y utilidad, usando nuevas técnicas que recurran a la imaginación, que interesen al alumnado para que, a través de cuentos, imágenes, narraciones, historias, metáforas…, adquieran los conocimientos necesarios. Esta alternativa a la educación establecida se conoce como Educación Imaginativa o Pedagogía Imaginativa.
Kieran Egan es su artífice y afirma que a la escuela se le pide la consecución de unos objetivos contradictorios. Estos objetivos son : socialización, transmisión de conocimientos y desarrollo de las capacidades personales de cada alumno. Aunque el logro de todos ellos es deseable, este irlandés, profesor en la Simon Fraser University, en la Columbia Británica, Canadá, afirma: “si a la escuela le pedimos que ejerza una función normativa y homogeneizante de socialización y, al mismo tiempo, que inculque en el alumnado el deseo de cuestionar incluso los propios fundamentos de la vida en sociedad, estamos provocando graves contradicciones y lo mismo ocurre si no resolvemos la eterna discusión entre dedicarnos a los contenidos o al desarrollo personal de cada alumno.”
Habla de cinco estadios de comprensión coincidentes con la evolución del individuo: somático, mítico, romántico, filosófico e irónico; por lo tanto considera que el conocimiento, los currículos y las prácticas docentes deben adaptarse y ajustarse de acuerdo con el desarrollo de estos estadios en las personas. Asegura que si se incide de forma directa en la imaginación, en las emociones de los alumnos, estaremos utilizando unas potentes herramientas educativas fundamentales en su proceso educativo y seremos capaces de extraer lo mejor de cada uno en todas las áreas del conocimiento.
Fotografía: Robert Doisneau
Habla de cinco estadios de comprensión coincidentes con la evolución del individuo: somático, mítico, romántico, filosófico e irónico; por lo tanto considera que el conocimiento, los currículos y las prácticas docentes deben adaptarse y ajustarse de acuerdo con el desarrollo de estos estadios en las personas. Asegura que si se incide de forma directa en la imaginación, en las emociones de los alumnos, estaremos utilizando unas potentes herramientas educativas fundamentales en su proceso educativo y seremos capaces de extraer lo mejor de cada uno en todas las áreas del conocimiento.
Fotografía: Robert Doisneau
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